lunes, 6 de enero de 2014

Confesión de un toxicómano.


   Antes de empezar quiero decirles que esto que os voy a contar a continuación es una entrevista a un toxicómano que he encontrado en un blog de un famoso que sale en la televisión de Rumanía. La verdad es que lo que contó el entrevistado me pareció muy bueno, y dado que son experiencias propias, más aún, por lo tanto, para que lo podáis disfrutar todos, he decidido traducirlo. Ya no voy a haceros perder el tiempo con más palabras pomposas, dejo que él hable.

   19 años, estudiante:

   Sentía cómo me ahogaban y apretaban el cuello con una garra invisible.

   Ya no soportaba a mi familia, mi madre, mi hermano. Robé todo de casa, para venderlo, y suministrarme mi dosis.

   Ahora ya no tengo dinero... No sé cómo, pero robo, hago cualquier cosa, mato y lo consigo.

   Sientes que el dolor de huesos te aturde rápidamente, que verdaderamente enloqueces, las lágrimas empiezan a caer y piensas que estas venas llenas de pinchazos están tan vacías... y a cada instante que pasa, no tienes con qué llenarlas para apaciguar ese dolor físico.

   ¡Vivo con el miedo de que mañana moriré si no sigo metiéndome! No puedo escapar, he estado en desintoxicación, pero no puedo más. Tengo la voluntad aniquilada, ni siquiera el amor hacia los seres queridos ha vencido en mi caso. Este dolor físico, atroz, el hecho de que no puedes respirar y ese mal estar general te matan lentamente.

   Soy esclavo y haga lo que haga no puedo escapar. Sigo temblando, incluso ahora, ¿ves? (enseña las manos que están apretando fuertemente una botella de agua, temblando caóticamente).

Tengo 19 años, ¿sabes? Si me miras, me echas por lo menos 10 años más. He robado mi propia juventud y seguro me voy a morir. Mi familia están desesperada, mi madre cayó en una depresión hace un año. Han intentado todo, hasta la policía, y nada.

   Cuando no te tomas la dosis (y llevo unos años tomando heroína) sientes que, efectivamente, te rompes en mil pedazos y pierdes el contacto, sientes que no tienes puntos de referencia y es tan jodido...

   Tengo que tomar mi dosis, volver, aunque sea solo por unos míseros minutos de falsa resistencia... ya no es placer, es esclavitud... si no te suicidas cortándote la yugular.

   Al principio tomada LSD o hierba... ahora heroína... antes las combinaba... Cuando tomo mi dosis, siento indiferencia, no me importa nada, estoy tranquilo. Cuando pasa el efecto, ansias la paz de antes. No quieres que te piten los oídos. No quieres ver más gatos por las paredes, bestias en tu mente hurgando tu cerebro ya vacío.

   Lo curioso es que, mientras duran los efectos, se agudizan tus sentidos. Te sientes el más. Después, se pasa el efecto y ya no te sientes NADA para nadie, ni siquiera para ti mismo.

   Lo que sientes, es físico... el dolor atroz, la furia por no tener tu dosis, indiferencia... empiezas a cortarte los brazos con un cuchillo para enmascarar el dolor de la dependencia con otro dolor, pero no escapas. Pueden escapar aquellos que son verdaderamente fuertes. Es mi gran amor, soy el hijo de la droga. Ya no me pertenezco a mi mismo.

   Os miro, a aquellos de mi alrededor y la gente de la calle. ¿Amor? No. ¿Buena vida? ¿Qué es eso?

   ¿Me preguntas por qué he empezado a tomar? No te voy a decir que he empezado porque mi padre pegaba a mi madre, o porque mi hermano tiene una enfermedad mental, o porque no tenía dinero para ciertas cosas, ¡no! 

No, ha sido mi elección, y solo mía. He elegido un camino por el cual no quiero volver, ni siquiera con el riesgo de la muerte acechando. En algún instante me gustaría, pero el dolor es más fuerte que yo. La necesidad.

   Miro a mi madre y no siento otra cosa que pena. Pena hacia ella, hacia mi y hacia todos los de mi alrededor, porque les he robado a ellos también la vida, Y con todo esto, espero ansiosamente mi próxima dosis. No quiero despertarme por la mañana y no tener la dosis... ¡así de mala es la droga!

Has leído y participado en el drama de un toxicómano ¿Qué opinas?

P.D: No toméis drogas.



1 opiniones:

Clinicas CITA dijo...

Las toxicomanías son un mal trance, pero querer salir de este mundo es el primer paso. A partir de aquí, animo de todo corazón a que todos aquellos que quieran también hacerlo se dejen asesorar por profesionales, te ayudarán desde la profesionalidad y desde la experiencia. Para más información contacta con Clínicas CITA en www.clinicascita.com

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