sábado, 5 de abril de 2014 1 opiniones

Cómo casi me cago encima y qué he aprendido de ello.


   Era bastante pronto, las 5 de la mañana o así. Era el único alma que había vagando por esa parte de la ciudad, situada a dos pasos de la estación. Escuché pasos detrás de mi y me di la vuelta. Nadie. Volví a andar dos metro y escuché pasos de nuevo. Me volví a dar la vuelta. De nuevo, nadie. Dos segundos después, escuché unos pasos rápidos. ''¿¡Me cago en Dios, o hay nadie o sí!?''. Solo eso necesité para pensar que detrás de mi había alguien a quien no podía ver para asustarme. No estuve tan asustado desde que tenía 8 años, cuando un perro me empezó a perseguir cuando iba a tirar la basura. 

   Me empecé a reír por lo bajito. Me reí, pensando en lo fácil que es que mi cerebro se pusiera a tener pensamientos raros. Si una vieja hubiese estado en mi lugar, habría pensado que era el espíritu de su difunto marido, y habría ido corriendo a casa para encender unas velitas y rezarle a la virgen. Si un tipo que cree en los extraterrestres hubiese estado en mi lugar, habría jurado por su madre que tuvo un encuentro de grado tres. Si una mujer acosada por su ex novio celoso e ido de la cabeza hubiese estado en mi lugar, habría gritado pidiendo auxilio, convencida de que ese tío habría venido a matarla. Los temores que tienes ''de serie'' hacen que te asustes.

   Ayer, yo me asusté de una bolsa roja, que alguien había tirado con las páginas de un periódico dentro, la cual el viento conseguía mover, arrastrándola a tal ritmo que parecían unos pasos. Me volví a reír, ésta vez de mi mismo. Después me cagué en todo. No soy un gran ecologista, pero hoy me he cagado unos 10 minutos en los muertos de los que tiran bolsas por la calle. 

   ¿Qué he aprendido? Que es un mal hábito tirar bolsas por la calle: daña el medio ambiente, queda feo y yo casi me cago encima del miedo...



 
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